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Sunday, July 15, 2012

"Mi credo".



*** Creo en Dios por sobretodas las cosas, porque con EL, por EL y a a travéz de EL  es que la VIDA continúa.

*** Creo en el poder único de mi manera de pensar, capáz de transformar cualquier circunstacia en algo POSITIVO para mi persona  y todos quienes me rodean.

*** Creo firmemente que lo más importante y escencial en la vida no tiene ningún valor material y perdurará para siempre.

*** Creo en la fuerza única  de decidir a quien incluyo o excluyo de mi vida y  en qué o a qué eventos dirijo mi atención.

*** Creo que la mejor forma de disftrutar la vida es viviendo cada dia como si fuera el último de mi existencia.

*** Creo que el placer de de VIVIR consiste en disfrutar  lo que se tiene, sin tomar en cuenta lo que no se tiene.

*** Creo que la fortuna de la VIDA yo mismo la creo y que no existe el azar para lograr cualquier meta sino más bien mi determinación y acciones son las únicas que las forjan.

*** Creo  con firmeza que nada nuevo ocurrirá en mi vida sino soy yo mismo quien lo provoco.

*** Creo que la  receta del crecimiento humano es desechar la NEGATIVIDAD, eliminar  la APATIA y cultivar únicamente el POSITIVISMO.

*** Creo que tengo el poder de expresar mis sentimientos  sin limitaciones ni tapujos.

*** Creo en que la ley de la vida es la más justa y al final me devuelve  lo que con acciones he sembrado.

***Creo que la llama del AMOR,  germina, crece y se desarrolla primero dentro de mi.

*** Creo que lo mejor de mi vida está por venir.

                                 Mis mejores deseos por siempre.


                           Ernesto Alonso Flores.

Sunday, July 8, 2012

"El mensaje de José."




—Buenas tardes. Mi nombre es José Santibáñez, tengo treinta y cinco años y actualmente llevo uno que no pruebo ni una gota de licor. Todo comenzó cuando mi mujer me abandonó llevándose a mi hijo. Aunque reconozco que su reacción fue provocada por mi culpa —decía mientras movía la cabeza afirmándolo—. En esa misma época mi negocio se fue a la quiebra y mis padres fueron encarcelados. Me vi equivocadamente encerrado en un callejón sin salida. No sabía qué hacer, estaba impuesto a que todo me dieran, a que todo me resolvieran.
»De repente, me vi en medio de la necesidad: de tenerlo todo (según yo), pasé a tener nada. Lo mejor era evadir la realidad, pensé. Y así comencé a tomar y tomar, no me controlaba; era la única forma en que me sentía bien, me sentía liberado de todo. Recuerdo que lo que más me gustaba al principio era el whisky, después el tequila, el brandy, el ron, la cerveza, el alcohol de caña... lo que fuera. El objetivo era emborracharme. No sé cómo pasaba pero terminaba el día deambulando en la calle, hasta hice algunos amigos. Amigos que viven o vivían en ese momento una situación parecida.
»Durante ese tiempo me alejé de mis hermanos, de mis amigos, logré que mi ex mujer se avergonzara de mí y que no pudiera ni siquiera decirle a mi hijo que yo era su padre—continuaba José con coraje y al borde del llanto—. Perdón —les dijo, después respiró profundo y continuó—. En dos ocasiones intenté quitarme la vida, pero me faltó valor. Para mí era normal lo anormal, correcto lo incorrecto; hice del vicio una rutina y de mi vida un desperdicio. Sin pretenderlo, y por mi desorden alimenticio, comencé a adelgazar y a sufrir de algunos males en el estómago, pero tampoco me importaba, total a nadie le interesaba mi vida, mucho menos mi persona. Comencé por gastarme los ahorros que tenía, después vendí mi departamento, ¡lo malbaraté! Me urgía el dinero y ni me duró. Luego pedí prestado, hasta que llegué a pedir limosna. ¡Todo para poder sostener este maldito vicio! — Sus ojos ya no pudieron contener el llanto y con la voz entrecortada continuó— Así pasó mucho tiempo, años. No quería volver a la realidad, tenía mucho miedo. En mi cerebro mantenía firme la idea equivocada de que yo no era culpable de lo que me pasaba. ¡Para mí, la culpa era de mis padres por haberme creado en la mentira, de mis hermanos por no haberme orientado, de la vida por ser tan injusta! En fin, eran solo excusas para no enfrentar mi problema. De esa forma mentalmente evadía mi responsabilidad.
»De repente un día sucedió ese terrible accidente que me marcó la vida, y no lo digo por el problema en mi pie —expresó volteándose para mostrar la prótesis que usaba—, esto me afectó, no lo niego. Fue terrible despertar y darme cuenta de que ya no tenía una parte de mi cuerpo, que había perdido mi pie derecho. ¡No se imaginan el inmenso dolor que me causó, y no hablo del dolor físico sino del emocional, el del alma! ¿Ya nada sería igual? ¿Me llamarían “cojo”? ¿Nadie me aceptaría? ¿Cómo podría trabajar? ¿Cómo saldría adelante? Eran tantas dudas que así, tocando fondo, dio inicio un largo proceso, de esa manera comenzó mi transformación. Fue de esa forma que pude valorar todo lo que estaba perdiendo. Cuando tuve la muerte enfrente de mí, no me dolía verla, me dolía (y mucho) dejar tantas cosas inconclusas, tantos pendientes. Es más, tantas cosas que ni siquiera tuve el valor de intentar, como luchar al máximo por mi felicidad. Me dolía darme cuenta de que desde años atrás ya estaba muerto en vida. Después acepté mi error y le pedí a Dios que me diera una nueva oportunidad para enmendar mi vida, por mí principalmente. Pero también por mi hijo, por algunos de mis hermanos, por Valeria y por la gente que me ha ayudado. Le pedí que me dejara, que me diera un chance, y me escuchó. Desde entonces sé que Dios existe.
»¡Hoy disfruto cada día como si fuera el último; estoy enamorado y he vuelto a creer en el amor! Logré que mi ex esposa me perdonara y que mi hijo me llamara “papá”. Siendo aun más honesto, debo decirles también que a través de este proceso, muy largo por cierto, comprobé que a veces no cuentas con el apoyo de aquellos que tanto lo pregonan, incluyendo a los de tu propia familia. ¡Me afectó, lo reconozco; es mi sangre! Pero nada puedo hacer al respecto, sólo desearles lo mejor y continuar. A mis padres los quiero y a diario hago oración por ellos, mentiría si les dijera que no les guardo rencor. Quizá algún día, cuando la sangre se vuelva a encontrar y nos veamos a los ojos, logre abrazarlos y decirles... no sé... sinceramente no sé qué les diría. Aún no estoy preparado para ese momento.
»Retomé mis estudios y acabo de terminar el primer semestre de Licenciatura en Comercio Internacional. Es decir, poco a poco estoy armando el rompecabezas en el que se había convertido mi vida. Sin duda, este accidente me trajo una gran lección de vida y con ella a un nuevo ser humano que hoy está aquí frente a ustedes. Los invito a seguir luchando, a no dejarse vencer y a obtener fortaleza de todas aquellas experiencias buenas o malas que hayan vivido. Porque lo que somos hoy es la consecuencia de lo que fuimos, por eso estoy decidido a revertir el efecto en mi vida; por eso trabajaré sin descanso en cada una de las causas que lo provocan. Estoy seguro de que no hay peor error que no aceptar los que uno está cometiendo y que no hay peor dolor que el que uno mismo se provoca. Hay que aceptarlo y valorar el gran mensaje subliminal que al efectuar este proceso la vida nos regala. ¡Es importante de verdad; hoy, siete de marzo del año dos mil cinco, estoy renaciendo, soy otro, y poco a poco me demostraré que es para siempre!
»No me importa lo que los demás piensen, eso es cosa del pasado. Y si yo he podido, ¡por supuesto que ustedes también pueden! Muchas gracias a todos por escucharme; a Angélica, mi psicóloga; a mi hermana Wendy, que tuvo la fuerza y el coraje para no desistir y rescatarme; a mi hijo por ser como es; a Gaby, mi ex mujer, por perdonarme; a ti, Valeria, mi amor, por revivir en mí la ilusión del amor —y mirando al cielo terminó diciendo—. Y a ti, Dios, que me has dado esta gran oportunidad, te digo que no te defraudaré. Que te devolveré con acciones el voto de confianza que has depositado en mí. ¡Que tengan buenas tardes!





Extraído de la obra: Pescadores (En la mitad de nuestra vida)