There was an error in this gadget

Saturday, May 12, 2012

La semilla de Javier.

LA SEMILLA DE JAVIER.
        

            Corría el año 1980 en el pueblo de Etzatlán, Jalisco. Con el inicio del temporal la mayoría de campesinos estaban entusiasmados porque contrario a los últimos tiempos la cosecha pintaba para ser muy buena y una de las mejores en muchos años. Sin embargo, para la familia Pérez todo parecía ir de mal en peor; el Señor Pérez continuaba obsesionado con la idea de enriquecerse y poseer más tierras que nadie en el municipio, para lograrlo limitaba a su familia de muchas cosas y necesidades, algunas de ellas indispensables para el diario vivir. Pero esto no era todo, el Señor Pérez era un hombre agresivo por naturaleza y amargado a más no poder, lo que de manera lenta y dolorosa mataba las ilusiones de sus 4 hijos, pero más del mayor; Javier quien pronto cumpliría sus 20.  Javier al igual que sus hermanos no conocía lo que era ir a la escuela, lo que era disfrutar de un baño con agua caliente, de una buena alimentación, de una cama cómoda y bien cobijada y últimamente sentía vergüenza de no poder vestir mejor y no poder comprar lo que se le antojaba como lo podían hacer sus amigos. Su padre siempre les decía que la educación y los gustos de la vida eran para los ricos, que a los pobres les tocaba  partirse el lomo. Por todo esto Javier y sus tres hermanos, incluido el pequeño Pepe de apenas 7 comenzaban su día desde las 5:00 de la mañana, bajo las estrictas órdenes de su padre, mientras que María  Inés; su madre era feliz creyendo que sus hijos aprenderían a ser responsables desde temprana edad y que su obligación como esposa y madre era estar al servicio de su hombre.

            Javier no conocía mucho de la diversión propia de un joven de su edad y a sus casi 20 años aún no conocía el amor. Su padre lo limitaba tanto que sólo le daba $2.00 pesos los días Domingos. Por su apariencia humilde y ropa desgastada, Javier se sentía temeroso de que se burlaran de él o de  escuchar las críticas que por lo regular  generaba la actitud de su padre. Ese día era la fiesta patronal y todos en el pueblo se alistaban para participar en las distintas ceremonias.

            _Apá: ¿Puedo salir con mis amigos?_preguntó Javier.
            _ ¿Qué vas a hacer?
            _Apá, es la fiesta del Santo Niño de Atocha. Y quiero dar vueltas en la                    plaza con mis amigos.
            _ ¿Y a mí qué? ¡Esas fiestas sólo sirven para que la gente gaste lo que no tiene, y nosotros no tenemos nada!
            _Apá, por favor.
            _!Ah, como fastidias. Ta bueno, pues. Vaya un ratito y se retacha pronto porque mañana hay que madrugar y no quiero estar gritando.
            _Sí, apá. Le prometo que no me tardo y que me levantaré en cuanto me hable.

            La plaza lucía hermosa, por todos lados se exhibían los adornos florales preparados especialmente para la ocasión por el grupo juvenil católico y por todos lados resaltaba la imagen del santo patrono. La mayoría de las familias se encontraban allí reunidas y la sección de juegos estaba repleta, el olor de los antojitos despertaba el apetito desde 3 cuadras de distancia. Esa noche Javier llegó y como siempre se reunió con sus mejores amigos; Jorge y Juan. Este último en repetidas ocasiones lo animaba para que se revelara contra su padre ya que no soportaba la situación de  su amigo. Pero era inútil Javier tenía claro que a  su padre le debía la vida y por lo tanto, respeto y lealtad. No sólo por él sino también por el ejemplo que le correspondía como hijo mayor.

            _ ¿A poco no crees que  tus hermanitos tienen ganas de subirse a los juegos, de venir a la feria como todos los de su edad?_le dijo Juan.
            _Sí, ya se. ¿Pero qué puedo hacer? ¡En ésa familia me tocó nacer!

            De repente Javier se quedó con la mirada fija, parecía ido. A lo lejos escuchaba la voz de sus amigos, la algarabía de la gente y el sonido alegre de la banda de música del pueblo que alegraba la fiesta desde el kiosco de la plaza. Javier tenía los ojos fijos, su corazón latía cada vez más rápido y sus manos habían comenzado a sudar. Luego se encaminó decidido.

            _ ¿Me regalas una vuelta?
            _Sí, por supuesto _ respondió Zulema, la encargada del grupo juvenil.

            Ambos se sentían atraídos desde hacía tiempo pero sus corazones jóvenes estaban aguardando para ése momento. Ni Javier, ni Zulema se acordaron de sus amigos. Simplemente se entregaron a sus sentimientos y dejaron germinar la semilla del amor. Ese día fue el más hermoso en la vida de Javier y  Zulema. Ambos se amaban, se lo habían confesado mutuamente y ya tenían planes juntos, su amor era puro y sincero. Esa noche Javier no pudo dormir, se la pasó pensando en ella, se imaginaba casado con Zulema, haciéndola feliz y criando y educando a sus hijos. Eran ya las 5:00 de la mañana del día siguiente y había que ir a trabajar. Como siempre su padre comenzó a gritarles. De ésa manera comenzaba una nueva semana en la vida de la familia Pérez, era lunes 29 de junio de 1980 y justo al mediodía los bueyes, mal alimentados y sin fuerza no querían jalar el arado. Como era su costumbre el  señor Pérez comenzó a gritar y a vociferar contra ellos.

            _Apá, tienen sed_ le dijo Javier.
            _  ¡Tú, cállate! Pendejo.  Ni sabes.  ¡Quítate!

            Luego en medio de un ataque de ira y bajo los efectos de las altas temperaturas, el señor Pérez sufrió de un terrible accidente. Cayó en medio del arado, los bueyes se asustaron y lo arrastraron sin que Javier pudiera detenerlos. El señor Pérez fue atendido de emergencia en el hospital civil y tuvieron que amputarle las dos piernas. A partir de ése momento Javier tuvo que afrontar la responsabilidad de la familia y de sacarlos adelante, principalmente  a su madre quien no se resignaba a los hechos.

            _ ¡Animo, amá! Ya verá que saldremos adelante. Trabajaré duro, día y noche si es necesario. Pero tiene que echarle ganas para que mi apá no se achicopale y mis hermanos no la vean así. ¡Te quiero amá!
            _Y yo a ti Javier _ respondió Maria Inés llorando.

            Luego los dos se abrazaron y Javier besó a su madre en la frente. El tiempo transcurrió y su padre no soportó su tragedia; falleció justo siete meses después. Ese día a pesar de ser el día de Reyes (6 de Enero) el pueblo se sentía triste y todos lamentaban la triste realidad de la familia Pérez. En medio de la tristeza  y después de un velorio casi vacío se llevó a cabo la sepultura del señor Pérez. En pleno sepelio Javier con un corazón destrozado y con un cerebro completamente confundido por los comentarios que escuchaba, tenía su mirada fija en el ataúd; mientras que en su mente resonaban las palabras que escuchaba.

            _”Pobre, ¿De qué le sirvió trabajar tanto? Si al menos hubiera sido mejor padre y esposo”.
            _”Ya ven, nadie sabe para quien trabaja”.
            _”Qué pena, tan apegado a los bienes materiales y mira cómo fue a terminar”.
            _”Si al menos se hubiera preocupado por disfrutar de lo que tenía  en compañía de los suyos”
            _”Qué tristeza, tan rico y tan pobre”.
            _”Tan buen campesino, lástima de semilla que sembró en los que lo rodeaban”…….

            Al escuchar ésas palabras Javier con los ojos llenos de lágrimas reaccionó gritando:

            _ ¡Ya basta! Dejen a mi padre descansar en paz. ¡Lárguense, váyanse! ¡No tienen derecho a juzgarlo!_luego se hincó llorando ante la tumba y con las manos llenas de tierra exclamó_”Apá, esté donde esté  le juro que haré hasta lo imposible porque se sienta muy orgulloso de mí, seré el mejor de los hijos y sobretodo apá, me aseguraré de sembrar la semilla que usted olvido _ después aventó un puño de tierra y volteando al cielo se persignó.

            Dos años después Javier contrajo matrimonio con Zulema en una ceremonia única y  espectacular. Todo el pueblo se congregó, Javier había invertido la mayor parte del dinero que su padre tenía ahorrado en la restauración de su casa,  en la educación de sus hermanos y en comprar  maquinaria para no necesitar tanto la ayuda de sus hermanos menores y de otros campesinos. Pero no sólo eso Javier se estaba asegurando de sembrar en todos los corazones de los que lo rodeaban, la semilla olvidada de su padre; la semilla del AMOR. Así, se había convertido ya en el joven campesino más importante de la región. 

Transcurrió el tiempo,  y ya era Diciembre del año 2011, la casa de la familia Pérez para nada lucía como la de hacía tres décadas.  Era muy bonita, tenía todo lo necesario y su terminado rústico la hacía resaltar de entre las demás en el barrio. Pero no sólo eso, la alegría y el amor  que se respiraban dentro de ella eran por todos comentados. En el centro de la sala lucía un hermoso árbol navideño. Javier y Zulema eran orgullosos padres de tres hijos y formaban uno de los matrimonios más estables y felices del pueblo. La señora Pérez era feliz al lado de sus nietos ya que sus hijos menores vivían en la ciudad, desde que decidieron terminar una carrera universitaria se había movido y allí cada uno llevaba una vida independiente y realizada. Esa noche todos se habían reunido para celebrar La Noche Buena, llegó la hora del brindis  y entre alegría y  tristes recuerdos todos se abrazaron. Después se tomaron la foto del recuerdo, que desde hacía tiempo era ya una costumbre, como años anteriores en el centro de todos  se encontraba la fotografía del Sr. Pérez.


        
Moraleja: “La semilla del AMOR  es la única que germina en el CORAZON HUMANO y la única que permanece por siempre”.


Ernesto  Alonso Flores.



No comments:

Post a Comment